Muertos de hambre

Hay veces que buceando entre toda esa cantidad de información que nos llega a través de Internet con sus millones de vídeos, páginas y artículos varios, vemos cosas que nos llaman la atención y destacan sobre otras. A mi me acaba de ocurrir hace 15 minutos cuando viendo este vídeo (de lagrimilla fácil he de decir), me he dado cuenta de lo poco que se oye el mensaje que difunde.

Lo que más me ha emocionado es la lista de títulos, canciones, obras de teatro, óperas, series de televisión, películas… grandes obras de arte en definitiva sin las que, efectivamente, nuestro mundo no sería el mismo. Espero que lo disfrutes tanto como yo lo he hecho.

Pon el foco

 

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Muchas veces me paro a pensar en la cantidad de tiempo y energía que dedicamos a soñar con todos aquellos fines y objetivos que queremos alcanzar. Sabemos, porque lo hemos oído mil veces o mejor aún, porque lo hemos experimentado, que las cosas tienen su proceso y su tiempo. Al igual que un buen puchero necesita su buena mañana en la olla haciéndose lentamente, sabemos que en la vida no todo es inmediato y que por tanto hay que tener paciencia. Sin embargo, el mundo en el que vivimos parece orbitar en torno a deseos y necesidades mucho más apremiantes e inmediatas: lo cierto es que cuando queremos algo, lo queremos ya.

Perder o reducir esa capacidad para ser pacientes y disfrutar del proceso es algo que estamos empezando a enterrar bajo la montaña de prisas y ansiedad con las que vivimos, dando lugar a altos niveles de frustración que, en muchos casos, hacen que abandonemos la toalla antes incluso de haber empezado. Antes, cuando se comenzaba un proyecto y en función de cómo fuesen los resultados, íbamos perdiendo o ganando la ilusión por continuar. Ahora lo que ocurre es que en muchos casos nos desilusionamos antes de empezar, abandonando cualquier principio y por tanto, cualquier posibilidad de acercarnos a eso que tanto (creíamos) que deseábamos.

Comparto plenamente la reflexión de Sergio Fernández, profesional al que tanto admiro, de que si nos perdemos el principio, también nos perderemos el fin porque no consiste tanto en enfocarnos en el fin en sí mismo sino en el propio principio. Es como si de noche se va la luz y tenemos que alumbrar con una linterna el camino: no alumbramos el final al que queremos ir sino que alumbramos justo bajo nuestros pies para ver dónde pisamos. Gracias a ese haz de luz ponemos la atención en nuestras pisadas para no tropezar con nada porque de eso dependerá que lleguemos o no hacia el origen del apagón.

No existen fórmulas milagrosas que garanticen finales o misiones cumplidas, pero sí recetas que podemos ir probando y ajustando a nuestro gusto que nos permitan enfocarnos en el aquí y ahora, en el principio de cada proceso y no tanto en el final. Recordemos que para andar mil pasos hay que empezar por el primero y que no existen metas sin comienzos.

Situarnos en el aquí y ahora y ser conscientes de lo que hacemos a cada momento sin dejar que otros pensamientos o deberes contaminen esa intención primero y acción después es el primer paso para intentar lograr cualquier objetivo y sentirnos un poquito más en paz con nosotros mismos.

 

Aclaración: he sacado esta reflexión de Sergio Fernández de una entrevista impresa que le han hecho hace poco. En ese artículo Sergio habla del concepto de la abundancia y de algunas de las creencias más importantes para él. Qué dice y sobre todo, cómo lo dice es algo digno de ser leído, por eso te dejo el link que te llevará a esa entrevista con Sergio Fernández titulada ‘Vivir con abundancia’.

 

Cuestión de dinero

Es-dificil-hacer-que-un-hombre

Que el dinero es importante en una sociedad como la nuestra es algo que nadie duda. Se nos dice que no da la felicidad pero está claro que ayuda, y mucho, sobre todo cuando nos permite ponernos un cinturón lo bastante holgado para que no tengamos que pasar más penurias de las justas. Sin llegar hasta esos extremos, recientemente y como consecuencia de mi viaje de 11 meses como mochilera por el mundo, me vengo planteando todos esos valores que concedemos al dinero y que en la mayoría de las veces me parecen exagerados. Que el dinero es importante es un hecho, pero que todo gire alrededor de eso y que se convierta en la zanahoria que hace mover al burro sin ningún otro aliciente es algo que merece que, como mínimo, nos planteemos qué nos está moviendo a avanzar como personas.

Me sorprende mucho la cantidad de comentarios que se oyen al respecto de este tema: si me tocase la lotería dejaría hoy mismo de trabajar para siempre; si no fuese por el dinero dejaría este trabajo que no me satisface a nivel personal ni profesional… Hacer este tipo de comentarios supone quedarse en un primer nivel, bastante banal y utópico, donde solo vemos la felicidad que nos aportaría un fajo de billetes de por vida sin ni siquiera pararnos a pensar que eso de la felicidad eterna no existe. En lugar de eso, sería mucho más interesante seguir arañando niveles e intentar plantearnos lo que realmente nos gustaría hacer por el resto de nuestros días como si el dinero no fuese (tan) importante.

Es un ejercicio reflexivo, nada fácil por cierto. ¿Qué me haría feliz? ¿qué me gustaría hacer? Si no estuviera ciego por la zanahoria que me están poniendo delante, ¿dónde me vería trabajando o qué me veo haciendo hasta que sea mayor? Mucha gente se plantea todo esto pero se frustra cuando no consigue plantearse o imaginarse esa situación porque vive tan focalizada en el dinero y con tanto miedo al cambio que prefieren quejarse antes que intentar cambiar la situación.

Yo creo que lo interesante es encontrar la unión, no ya del dinero en sí sino del valor y la importancia que le concedemos con los valores personales y profesionales, es decir, que ambos estén compenetrados y que no se contradigan ni nos limiten como personas ni a la hora de plantearme nuevos horizontes. Que el dinero me ayude a ver el dibujo completo (big picture), como se dice en inglés, y no solo lo que veo a través de una ranura pequeña y asfixiante, y que me haga entender que todo cambio exterior empieza siempre con un cambio interior en el que todos los factores tienen que estar a mi favor.

Al igual que los planetas se alinean para dar lugar a un fenómeno extraordinario, nuestras ideas, valores e incluso todos los elementos materiales que hay en nuestra vida tienen que trabajar al unísono sin que un valor pise a una idea o sin que la percepción que tenemos sobre algo nos eche por tierra nuestros planes para ser felices, y sin que nada boicotee a nada. En este sentido el dinero juega un papel importante porque si lo ganamos, invertimos, ahorramos y gastamos siendo consecuentes con nosotros mismos y nuestros principios, lo estaremos convirtiendo en un amigo y aliado. Ahora bien, si pretendemos obtener cambios en nuestra vida y nos limitamos a ver el dinero con la obsesión de que es lo único que nos hace levantarnos para ir cada mañana a un trabajo que no nos satisface ni nos llena profesionalmente, difícilmente podremos comenzar a cambiar esa situación puesto que estaremos dejando fuera de la ecuación a otros muchos factores vitales para ser un poco más felices.

De nosotros depende el comprender los verdaderos valores que mueven nuestras vidas, y de ajustar la percepción que tenemos del dinero para que todo lo que hagamos sea coherente con lo que pensamos y somos. Contemplar el dibujo completo y multiplicar los beneficios de hacer algo que nos gusta es algo que no tiene precio y que ni siquiera el dinero puede comprar.

¿Y si nos levantamos?

En esta nueva entrada quiero presentar un vídeo que me ha sorprendido por la sencillez de su mensaje pero con un profundo significado a su vez. En menos de dos minutos el vídeo se centra en la tiranía de la silla, esa en la que tantas y tantas horas nos pasamos sentados a lo largo de nuestra vida, y plantea una interesante pregunta.

Puede parecer muy tonto, pero a veces se nos olvida que para conseguir cualquier cambio o aquello que queremos alcanzar hay que empezar levantando el culo. En el momento que nos movemos estamos cambiando nuestra postura, nuestra predisposición hacia algo y por tanto, empezamos a tener una actitud más activa. Espero que os guste.